Libra nuevo virus toda una familia

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Cd. de México (18 abril 2020).- A Margarita dejó de preocuparle la sana distancia cuando ella y toda su familia se contagiaron por Covid-19.

La habitante de la Alcaldía Tlalpan acudió a una cena a principios de marzo, donde asistieron autoridades de Salud federal, quienes le aseguraron que no había preocupación, pues veían lejano el contagio por el nuevo coronavirus.

Lo anterior, a pesar de que ya se había confirmado el primer caso en la Ciudad de México.

La mujer al parecer se contagió esa noche, pero no lo pudo confirmar, pues explicó que realizarse la prueba fue un reto que no concretó, ya que la buscó en hospitales públicos, donde le dijeron que no era necesario y no pudo pagar los 25 mil pesos que costaba cada test en nosocomios privados.

En la cena, recuerda, todos los invitados se saludaban con besos en la mejilla, de mano y sin ninguna de las precauciones que ahora son esenciales, como usar gel antibacterial.

Después del evento con los funcionarios, ella no presentó síntomas, en al menos siete días posteriores.

Por lo que realizó compras en la Central de Abasto (Ceda), acudió a restaurantes, visitó amigos y a sus padres, de la tercera edad, hasta que no pudo levantarse de la cama.

«Me sentí mal porque yo no lo hice a propósito, pero tal vez contagié a otras personas, me dijeron que no tenía que preocuparme y después supe que un vendedor se enfermó, se puso muy mal, no sé si fui yo, pero tampoco puedo decir que no», recordó.

Su familia, de seis integrantes además de ella, también se enfermó, incluido su hijo con discapacidad.

Los síntomas fueron pérdida del olfato y el gusto, así como dolor de cabeza, dolor intenso de cuerpo, escurrimiento nasal, tos seca, tos con flemas y ardor en la piel que le hacían insoportable vestir cualquier prenda, incluso holgada y estar por mucho tiempo sentada o acostada, pero a la vez estaba fatigada.

«Duele hasta que tu cuerpo se acostumbra al dolorcito permanente y es muy angustiante saber a quién le has hecho daño y la angustia de que las personas reaccionan siendo muy mala onda contigo por estar enfermo.

«La experiencia es bastante desagradable, fuerte, es de impotencia, coraje con la irresponsabilidad de autoridades de no endurecer que las personas no se expongan, que no te expongan y no contagien», añadió.

Margarita sintió pánico cuando entre ella y su familia debieron cuidarse por sí mismos, luego de que acudieron al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) y rechazaron internarla, pese a que su estado de salud estaba comprometido, pero no podían mantenerla ahí porque ella aún respiraba sin ahogarse.

«Sólo cuando tenías la obstrucción te recibían, pero creo que fue mejor no quedarme porque una amiga se puso más mal desde que entró al INER, dijo que las enfermeras se quejaban porque no había material ni medidas todavía definidas para enfrentar este nuevo coronavirus», comentó.

Su casa se convirtió durante un mes en un espacio donde fueron habituales los cubrebocas, los guantes y las batas azules, pero actualmente su salud y la de su familia mejoró sin ayuda del Gobierno.

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