Pluma Blanca, abuelo de la tradición Tolteca, trasciende al más allá

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El chamán Pluma Blanca, náhuatl del Clan del Coyote, partió de este mundo para tal vez dirigirse a otro que construyó a lo largo de su vida terrenal, donde siempre buscó la sabiduría espiritual ancestral, de las plantas y los animales para ayudar a su prójimo.

Un padecimiento cardíaco provocó la muerte de Pedro Pluma Blanca, quien era de los viejos que velaban por la toltequidad y el rescate del conocimiento de las culturas prehispánicas.

Destacado alumno del viejo brujo de Durango, Joel Picazo Salazar, Pluma Blanca desarrolló conocimiento de metafísica y nahualismo a temprana edad que lo llevaría a convertirse en maestro.

Él vivía interpretando las cartas, los caracoles, semillas y el estado meditativo para ayudar a otras personas en su caminar por este mundo.

Estrella Neumann lo introdujo en el saber prehispánico de la tradición ancestral y la danza en Azcapotzalco con la familia Monzón Ortiz y Alfredo “El Gato”.

Fue fundador de la Sociedad para el Conocimiento de Quetzalcóatl, junto con Luis Yáñez y Tony Méndez Toshtli, para buscar el retorno de los Itzaes con el espíritu de Kukulkán-Quetzalcóatl.

Su trabajo estuvo destinado a unificar los clanes del Coyote, del Jaguar, del Conejo, de las Estrellas, del Murciélago, del Águila, para fundar las iglesias de la Toltequidad, la Maya y la Inca.

Danza-ritual en honor al abuelo Pluma Blanca.

Por su carácter de abuelo del conocimiento, Pluma Blanca fue homenajeado en las redes sociales, las cuales se colmaron de palabras de admiración y agradecimiento, para quien en vida danzaba, celebraba nupcias prehispánicas o guiaba viajes con las plantas de poder para iniciar en este camino a decenas de personas.

Su ex esposa y madre de sus hijos, Rosa Elvira Rivera Flores, expresó que lo admiraba porque fue un hombre entregado en su camino para el cual ya estaba destinado y luchó para llegar hasta donde se le fue permitido.

Pedro Antonio Sánchez Rivera, hijo de Pluma Blanca, declaró a SinMordaza que hablar de su padre aflora sentimiento encontrados  porque por “una parte me prestó su presencia paternal con un amor original e inigualable lo cual le agradezco inmensamente, tal vez las veces que nos reunimos fueron muy esporádicas pero sin duda el amor ahí estaba y seguirá estando.

“Y por otra parte conocí al Chamán al hombre medicina que amaba su profesión, tratando siempre de generar cambios de conciencia a favor de la armonía espiritual y natural, cosa que hizo que renunciará a muchas cosas que también eran muy importantes para él. Sin duda me dejó muchas y muy grandes enseñanzas pero la más grande: apreciémonos unos a otros por el simple hecho de existir”, indicó.

Su hija Rosa Mercedes Sánchez Rivera declaró que para ella fue “una gran persona aunque fue un poco alejado de nosotros, siempre me llenó de sabiduría, consejos, de sus anécdotas, de sus travesías que tuvo en su vida, él  llegó a ser un abuelo respetado de la tradición mexica. Siempre lo amé y su recuerdo siempre estará en mi memoria así como sus cantos”.

Ofrenda en honor al gran abuelo de la toltequidad.

Una de sus alumnas, Lupita Cóatl declaró que con el maestro Pluma Blanca compartió temazcales, danzas, rituales de varios tipos, fiestas, yolixpas, plantitas, pulques, mucho conocimiento y muchos apapachos.

“Si algo era mi maestro es que era muy consentidor y apapachador, él era para mí el abuelo que nunca tuve, él fue, es y será siempre una gran insignia para la mexicanidad; él fue sembrador de corazones y sé que su trabajo no fue en vano porque sembró muy bien sus palabras y sus actos harán que viva en nuestros corazones y seguiremos con su legado….hasta siempre mi maestro pluma blanca….Ometéotl es Dios”, dijo conmovida.

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